3. Seamos alegres.

¿Te parece un final muy triste? ¡Reescríbelo! Imagina qué habría sucedido si Bambert no hubiera resbalado en el tejado… o si se recuperara de la caída…

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16 thoughts on “3. Seamos alegres.

  1. Bambert, al ver el paracaídas plateado en la esquina del tejado, no se lo pensó dos veces y subió. Aunque corría un gran peligro de caer al suelo y matarse, no miró abajo y pudo llegar a por el paracaídas. Al tenerlo volvió a bajar por el mismo sitio y, en ese mismo momento, llegó un pájaro que lo derribó cayendo nuestro querido escritor al suelo. Al despertarse vio que estaba en un hospital muy raro con muchas cosas blancas, no como él los recordaba cuando le operaron de pequeño y dijo:
    -¿Dónde estoy?.
    Los médicos le contestaron:
    -Hola Bambert, estás en un hospital de Londres, te caíste del tejado de tu casa y te has fracturado la clavícula, la tibia, el radio, dos costillas,… Cuando el médico acabó de recitar las fracturas y luxaciones llegó Bloom y este le dijo a Bambert:
    -¿Cómo estas?.
    -Bien pero me duele todo, ¿conseguiste el paracaídas?.
    -Sí, justo antes de que te trasladaran aquí en la ambulancia, lo cogí.
    -Me puedes leer el último relato.
    -En cuanto a eso te tengo que contar una cosa, tus relatos no llegaban a otros países, se quedaban por el barrio y la gente me los traía y yo escribía una historia y le ponía un sello de un país lejano.
    De repente se oye un pitido y dice un médico: ¡TRAER EL CARRO DE PARADAS!
    Menos mal que era para la habitación de al lado.
    -Gracias por hacerme tan feliz Bloom.
    -Se lo prometí a tus padres cuando naciste.
    A los 2 días ya volvían a estar cada uno en su sitio, Bloom en su tienda subiéndole la comida a Bambert y este escribiendo historias para luego juntarlas en un libro que se convirtió en un best-seller con más de 800.000 libros vendidos.

  2. […] Bambert no paraba de pensar en cuándo llegaría su sobre volando por los tejados. Pasaron días, semanas, meses… hasta que un día se cansó de esperar y vio la tele. Veía que los rusos entraron en Ucrania y se estaban apoderando de ella. Bambert pensó que no había hecho su último capítulo, que por eso no lo encontraba. Pasaron dos días y vio en la tele que Rusia había conquistado a los ucranianos y Obama le había dicho a Putin que, por favor, retirase sus tropas de Ucrania porque si no tendrá que intervenir. Putin dijo que no lo haría y que se metiese en sus asuntos y después colgó el teléfono.

    Bambert estaba preocupado por si Alemania entraba en guerra; al final entró en guerra, al igual que todos los países miembros de la Unión Europea.

    Y en el 2 de mayo de 2034 explotó la tercera guerra mundial, excepto en España, que hubo una guerra civil, los españoles contra los del nuevo país, Catalonia, pero España era aliada de la UE.

    Bambert estaba preocupado, Blümcke ya no estaba en la tienda, la había cerrado y ahora vivía con Bambert arriba para estar protegidos del ejercito ruso y de los bombardeos. El 7 de agosto de 2036 Rusia era el mundo, había conquistado China, India, Thailandia, medio continente africano y toda Escandinavia. Y se preparaba para atacar Alemania.

    El 4 de septiembre de 2037 Rusia bombardeó Alemania con una bomba nuclear. Alemania se destruyó por completo, murieron 90.000 personas. Blumcke murió, pero Bambert, al ser pequeño, se coló por un agujero y sobrevivió. Tantos años pasaron desde cuando pensaba en su relato que no se acordaba y lo dio por perdido; pero el capitulo ya estaba escrito, lo había hecho el propio mundo, pero él escribió unas frases. Por costumbre, escribía muchas páginas, pero él solo escribió esto:

    La gente y todas las religiones siempre han dicho que ocurriría algún día que Dios se enfadaría y haría el Apocalipsis en el mundo, pero lo que mucha gente no cree es que nosotros hemos hecho el Apocalipsis: las guerras, la contaminación y el uso excesivo de nuestro propio mundo, ese es el verdadero Apocalipsis. Este capítulo se lo quiero dedicar a la gente para que ahora hagan las cosas con sentido y no sean necios como esta gente que lo soluciona todo mediante la fuerza.

    BAMBERT

  3. Era por la noche y Bambert estaba muy mareado. Se encontraba mal pero no quería molestar a nadie, así que asomó la cabeza para enfriarla un poco. Al cabo de un rato se encontraba un poco mejor y se fue para la cama.

    Por la noche tuvo una pesadilla y en ella soñó que se quedaba sin ojos ni oídos para que cuando llegara el último relato no lo pudiera ni ver ni oír de dónde venía. Entonces llegó por la mañana y se encontraba sin ganas de nada, así que hizo su maleta con todo lo necesario y se fue de casa hacía un campo muy lejano y nadie volvió a saber nada más sobre él.

  4. Fin de Bambert

    Se encontraba en el hospital, desconcertado con lo que había pasado y rodeado de toda su familia más cercana.
    Estaba su padre Jack el destripador, un famoso carnicero de la ciudad, su madre de origen cordobés Ana y sus hermanos Alfredh, que era muy gordo y los niños del colegio le llamaban “ballena”, y su querida hermana Encarna que se dedicaba a hacer fotos a los pájaros y les tenía un gran amor.
    El pobre Bambert no paraba de preguntar que quiénes eran y que le habían hecho, pero no le respondían pensando que estaba de broma y se reían. Al cabo de un rato partieron rumbo a su casa. El pobre de él estaba muy asustado y no dejaba de chillar. Lo que no pensó era que chillar mientras alguien está conduciendo podía poner nervioso a un conductor. El padre sacó de su bolsillo un cuchillo y empezó a apuñalar al pobre chaval.
    Al día siguiente la gente quedó muy contenta con la carne de “cerdo” en la carnicería del padre.

  5. FINAL DEL RELATO DE BAMBERT

    Bambert, desesperado al no encontrar su último y tan deseado relato, decidió salir a respirar un poco de aire fresco a su ventana. Estaba muy aturdido, se había tomado más de 3 botellas de coñac y no podía consigo mismo. Camino de la ventana, tropezó con una de las botellas vacías y fue así como cayó de inmediato.

    A la madrugada, uno de los vecinos de Bambert llegó a ver ese pequeño cuerpecillo, ahora inconsciente tirado en la acera. Entró en la casa y avisó rápidamente a Blümcke que estaba preparando el montacargas.

    Todo pasó muy rápido. Bambert estaba en coma y ya llevaba en el hospital una semana y dos días. Blümcke estaba sentado al lado de su camilla, en una butaca de cuero antigua. Comenzó a recordar:

    “Siempre has sido una persona fabulosa, a pesar de tus problemas siempre has sido fuerte –y comenzó a llorar–, nunca te olvidaremos. Te prometo que si despiertas nos iremos de viaje, por todo el mundo, en busca de ese último relato.

    Mientras decía estas últimas palabras, Bambert comenzó a mover las pestañas, intentando abrir los ojos poco a poco.

    -¡Un médico, por favor, un médico! – gritó Blümcke, al ver a su amigo despertar de ese largo sueño.

    Bambert comenzó a mover poco a poco todo el cuerpo, primero una mano, luego le siguieron los pies y después logró hablar.

    -¿Qué hago yo aquí? ¿Qué ha ocurrido?
    -Ya te lo contaré todo cuando llegues a casa, primero deberán darte el alta y, así, hablaremos tranquilamente –contestó Blümcke.

    Le dieron el alta, puesto que ya estaba todo controlado. Llegaron a casa y Blümcke le contó todo lo ocurrido, bueno, todo no, puesto que él no sabía como se había caído ni cuando, pero Bambert logró responder a esas preguntas, aunque no con mucha certeza ya que apenas se acordaba.

    -Bambert, he decidido que no puedes seguir aquí arriba, solo. He decidido que nos iremos a por ese último relato por todo el mundo. Primero empezaremos por la China, luego por… –su amigó le interrumpió.
    -Sabes que yo no puedo ir a ninguna parte, apenas puedo caminar…
    -Está todo solucionado –dijo señalándole un bonito invento que él mismo había diseñado.
    -¿Qué se supone que es eso?
    -Es una silla de ruedas que puede volar, la he inventado yo, además hay sitio para dos personas –dijo sonriendo.
    Bambert no podía con la alegría y le dio un fuerte abrazo. Al día siguiente ambos amigos partieron en ese viaje que tanto les gustaba. No se sabe cómo acabaron los amigos, si encontraron el relato, si no… Pero todos sabemos que estuviesen donde estuviesen iban a estar felices.

  6. NUEVO FINAL
    Bambert quería ese sobre más que nada en el mundo, había intentado desahogar demasiadas penas en alcohol, dejado su alimentación y hasta empezó a fumar de pura desesperación, nada le iba a impedir conseguir ese sobre. Pensó en pedir ayuda… pero, llevaba tanto tiempo esperando… lo necesitaba en ese mismo instante, dejó en una mesita el cigarrillo y la botella de vino y salió por el ventanal.
    Cuidadosamente Bambert fue bajando por el tejado, había llegado hasta el sobre, se agachó, lo agarró y se puso en marcha para arriba cuando… El pobre Bambert se resbaló… Abajo, en la tienda, Blümcke oyó un estruendo.
    -¡¿Bambert?!-gritó. Fue corriendo por las escaleras asustado… Al llegar arriba no vio a nadie, pero la ventana estaba abierta. Blümcke, preocupado por su pobre amigo, se asomó a la ventana.
    La impresión al ver a su pobre amigo, colgando en una de las tejas de un tejado, sangrando por una mano, gimiendo y con un sobre en la otra mano, casi deja a Blümcke paralizado, pero no podía dejar a Bambert así. Se armó de valor y salió por el ventanal para ayudar a su amigo.
    -¿Bambert, qué te ha ocurrido? -le preguntó Blümcke, alarmado mientras le levantaba y se lo llevaba adentro.
    -No lo sé, solo recuerdo ver el sobre enganchado en una tubería y luego un estruendo, lo demás no lo recuerdo -le respondió este mientras Blümcke le vendaba la mano ensangrentada-. Creo que el alcohol me ha podido afectar a la memoria, no voy a tomar más vino en una temporada.
    -Me parece muy bien -le contestó-. Creo que viste ese sobre enganchado en la tubería y no pudiste evitar ir a buscarle.
    -Supongo. Es que hacía tanto que esperaba por este sobre que no pude evitarlo.
    -Ya lo veo. Por cierto, sé que sí te tengo que contar esto y te lo tengo que contar ahora. Los sobres no fueron hasta esos países, llegaron hasta los jardines de mis clientes y los fueron trayendo, yo puse esos sellos de mi colección y elegí esos lugares -Blümcke no quería desilusionar a Bambert pero tenía que contárselo.
    -¿Quieres decir que solo las has hecho para que este pobre hombre pueda disfrutar con la inocencia de un niño? -Bambert esbozó una sonrisa.
    -Sí, la verdad es que sí.
    -¿Qué te parece si el último capítulo lo escribes tú?
    -No, creo que no estoy preparado -le respondió mientras cogía el sobre-. ¡¿Pero cómo es posible?! – Blümcke no salió de su asombro al ver que el papel de dentro del sobre estaba escrito-. ¿Cómo es posible?
    -¿Qué ocurre? -le preguntó Bambert.
    – El papel… ¡El papel está escrito!
    -¿Qué? ¿Qué dirección pone?
    -Avilés, España. IES Nº 5, 1º ESO D, parece ser un instituto español.
    -Entonces, el último capítulo llegó hasta España… y decidieron que viniera hasta aquí de la misma forma que hice yo.
    -¿Cómo lo sabes?
    -Fíjate, hay un paracaídas colgando de la tubería.
    -Es increíble. Vamos a ver de qué trata – Blümcke y Bambert comenzaron a leer, se quedaron bastante sorprendidos de que unos alumnos de 1º de la ESO escribieran así, era una gran historia, no había faltas de ortografía (probablemente les ayudara un profesor, pero sigue estando bien) y, lo mejor, Bambert y Blümcke no saben cómo lo consiguieron pero, en la historia, ellos eran los protagonistas y junto a ellos estaban personajes como la princesa de Córdoba y todos los demás-. Posdata: Bambert, por favor publica todos tus libros, tienes mucho más talento que muchos escritores famosos. Créenos. Recuerdos. Simplemente espectacular.
    Si estás leyendo esto ahora mismo significa que Bambert hizo caso a los alumnos del IES Nº 5 y publicó sus cuentos junto a una gran parte de su vida. Ahora tanto él como Blümcke son grandes escritores y a Bambert ya no le preocupa salir de su casa porque todo el mundo le trata como es debido.

  7. Bambert, cuando fue a coger el sobre, resbaló pero rápidamente se cogió y quedó colgado de la ventana. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar pues le estaban temblando los brazos. De repente viene un murciélago y se le posa en una de las manos y él se asusta y la quita. Entonces pensó que ese iba a ser su fin pues ya no podía aguantar más y se tiró poniendo la carta en el pecho y diciéndose que aunque fuese su fin estaba contento porque había cumplido su deseo de enviar sus relatos a los cuatro vientos para que los leyeran gentes de distintas partes del mundo.

  8. Bambert se asomó a la ventana para ver si el último relato ya había llegado. Cuando vio el globo con un sobre él rápidamente quiso alzar la mano para alcanzarlo pero no pudo y justo cuando lo tenía muy cerca de las manos pasó un ratón y Bambert, que les tenía miedo a los ratones, pegó un grito muy grande y Blüncke que lo oyó dejó rápidamente su colección de sellos y corrió. Justo cuando salió a la calle vio que Bambert estaba agarrándose a la ventana pero solamente de un dedo y en el último instante ese dedo le resbaló y Bambert cayó. Bluncke estaba justo debajo y cuando Bambert estaba aún en el aire fue corriendo Blüncke y lo cogió en brazos y a Bambert no le pasó nada.

  9. Bambert estaba sentado al borde de su cama, bebiendo de su botella. Se encontraba mareado y acalorado por beber tanto, así que se aproximó a la ventana a tomar el aire. De repente, vio un pajarito que tenía un trozo de papel enganchado en su pata. Bambert se estiró para coger ese papel, pero se estiró tanto que resbaló y cayó. Afortunadamente en el suelo había una camioneta llena de colchones viscoelásticos y cayó encima de ellos. El conductor, que lo vio por el retrovisor, paró el camión y fue a ayudarle.

  10. Al caer Bambert en el suelo se desmayó. Se despertó en el hospital y al lado estaba Blümcke con una sonrisa y una caja de bombones. Bambert le miró sin entender:
    -Hola, ¿estás bien?
    -Sí, ¿qué ocurrió? Solo recuerdo que me resbalé del tejado y luego todo oscuro y ahora estoy aquí.
    -Ahora no importa, tienes que descansar, el último cuento viene de Alaska, y es de un señor que se llama Pepito y cuando te repongas te lo leo.
    -Gracias.
    -De nada.
    Pasadas las horas Blümcke se fue a casa con Bambert y allí le leyó el relato. Bambert le dio las gracias y le dijo que tenía que haberlo dejado morir pero Blümcke le dijo que ni se le ocurriera pensar eso, que el tenía que vivir a pesar de tener un cuerpo deforme y que era un gran escritor y que se merece el respeto de todo el mundo, y justo en ese momento empezó a entrar gente por la puerta y a felicitarle por sus cuentos. Le sacaron fuera a la calle y vio que habían hecho una fiesta en su honor. Blümcke le dijo que había publicado sus cuentos y que por eso la gente sabía como eran. Bambert sonrió bajo el sol al ver que en realidad había mucha gente que le quería.

  11. Bambert estaba pensando en el relato mirando por la ventana. Entonces una ráfaga de viento levantó la carta del tejado y Bambert la vio. Cogió un bastón que él mismo había diseñado para que volase y saltó por la ventana a por la carta. El viento soplaba cada vez más y más fuerte y Bambert lo perseguía en su bastón volador hasta que el viento dejó de soplar y la carta caía hacia abajo. Aceleró su bastón volador y justo cuando la carta iba a caer al suelo Bambert la cogió y aterrizó. Sin darse cuenta persiguiendo la carta había llegado a 5 Km de su ciudad. Entonces llamó a Blüncke y este lo llevó a casa. Mientras estaba en el coche abrió el sobre y vio que no había nada escrito. Se lo dijo a Blüncke y este le contó que sus cartas las cogían sus clientes a las afueras de la ciudad y que él le ponía el sello de otros países. Bámbert se enfadó pero no podía dejar de pensar en Blüncke así que lo llamó y le pidió perdón por lo sucedido y volvieron a ser amigos.

  12. NUEVO FINAL
    Resbaló y casi se cae por el ventanal. Si no llega a estar con su bastón, al que se agarró con mucha fuerza, se hubiera caído.
    Bambert, asustado, se sentó en el sillón e intentó tranquilizarse, pero el susto había sido tan grande que apenas podía moverse. Pasado un rato, Bambert reaccionó. Se levantó despacio, se agarró fuerte al bastón e intentó dar un paso, luego otro y después otro hasta conseguir llegar a su cama. Llegó a la cama, se echó y sin soltar el bastón, que le había salvado la vida, se durmió.
    Había una vez tres niños perdidos en una isla desierta, llevaban caminando varios días cuando uno de ellos se rindió, se tiró al suelo y empezó a llorar. Era un niño diferente a todos los demás, nadie estaba nunca con él porque los niños del colegio lo llamaban el rarito y si alguien se acercaba a él se empezaban a meter con esa persona hasta que se cansaban.
    Los otros dos se quedaron mirando para él y riéndose, pues ellos eran los que peor se portaban con él. El niño, llamado Javier, seguía y seguía llorando y los otros dos ya no se reían, le miraban y esperaban a ver si sus llantos cesaban, pero nada, Javier seguía llorando. Los otros dos niños, llamados Lucas y Adrián, intentaron tranquilizarlo y Javier dejó de llorar. Los niños, sorprendidos, le preguntaron por qué lloraba, pero no respondía. Lucas y Adrián hablaban de que podía haberle pasado, de que igual solamente había sido para llamar la atención. Javier no hablaba, estaba callado y caminaba sin pausa pero sin prisa delante. Lucas dejó atrás a Adrián e intentó hablar con él, pero nada, Javier seguía oculto en sus pensamientos. Javier movía las manos sin parar hacia Lucas, entonces se dio cuenta de que aquel niño era mudo. Lucas, sorprendido, llamó a Adrián y le explicó lo que pasaba. Javier miraba a Lucas y sonreía, era el primer niño que entendía lo que le pasaba.
    Los tres se hicieron muy buenos amigos e iban jugando y aprendiendo algunas palabras para poder comunicarse con Javier. Llegaron al final de la isla, donde se encontraron con el mar. Desesperados, se echaron a llorar. Adrián se separó de los otros y al cabo de un rato volvió corriendo.
    -¡La solución, la solución! ¡Pronto volveremos a casa! Venid, rápido -gritaba.
    Los otros le siguieron sin rechistar. Adrián les enseñó una pequeña barca algo destrozada y la tierra que se veía allá a lo lejos.
    No les gustaba mucho la idea pero no les quedaba otra opción, empezaron a trabajar en su pequeña barca. Ya lista, se subieron y empezaron a remar por turnos; empezaba Lucas, luego Adrián y después Javier. Seguían remando y remando y viendo cada vez más cerca la tierra. Llegaron y cada uno se fue corriendo a su casa.
    Al día siguiente en el cole los tres estuvieron juntos. La gente, sorprendida, se acercaba a ellos y todos intentaban hacerse sus amigos.
    Javier tuvo muchos amigos y nunca más lo volvieron a llamar rarito.
    Una luz iluminó la habitación, Bambert se despertó, era ya por la mañana así que se levantó. Se asomó a la ventana y descubrió que lo que le había despertado eran rayos.
    Estuvo todo el día en casa viendo la tormenta y pensando en su sueño. Ese sueño le hizo ver la verdad, tenía que salir a la calle.

  13. Bambert encontró el relato pero estaba en el edificio de enfrente. Había tres torres con un cierto espacio entre cada una. A su lado, en el balcón, se encontraba un empresario con dotes para el kárate que quería el relato para venderlo y hacerse rico. Eso era lo que quería el empresario pero no podía ir tan desprotegido, así que fue a por vestimenta de protección y una cuerda.

    Bambert (aunque sabía que era una locura) intentó aprovecharse de que no estaba el empresario para hacer parcur. Enseguida vio al empresario trepar por la cuerda por encima de él. Bambert sabía que hiciese lo que hiciese no podía dejar que se llevara el relato por lo que, sin pensárselo dos veces, se tiró hacia donde estaba el empresario, haciendo que éste se cayera y él se quedara sujeto a la cuerda.

    Por suerte, el empresario cayó en una piscina pública y la policía lo detuvo. Respecto a Bambert, solo puedo decir que estuvo colgado ahí 5 minutos hasta que la policía le rescató.

  14. Pingback: Relatos de ida y vuelta | Educación y TIC

  15. Bambert estaba tumbado en una camilla cuando, de repente, la máquina que le ayudaba a respirara se paró. Bambert se incorporó y le dijo a la enfermera que tenía mucha sed. La enfermera corrió hacia el pasillo y cogió una botella y un vaso. Llegó a la habitación y llenó el vaso. Le dio el vaso de agua a Bambert y este se lo bebió rápidamente. Luego Bambert empezó a balbucear cosas extrañas.
    -Tengo que coger la carta. Tengo que cogerla.
    -Señor, ¿qué carta tiene que coger?- decía la enfermera.
    -Necesito la carta del último relato.
    En ese momento Blümcke entró en la habitación.
    -¡Bambert!- gritó su amigo- pensaba que no sobrevirías a la caída.
    -Pues ya ves. Y ahora vayamonos de aquí, necesito leer el relato que escribieron otras perosonas de otro lugar.
    Los dos amigos se marcharon al apartamento de Bambert y, como Blümcke ya había escrito el relato, Bambert saltó de felicidad al ver la carta encima de su mesa, aunque ignorando los dolores que tenía en los huesos. Bambert abrió la carta y leyó el relato. Ese relato le gustó mucho y lo encuadernó con los otros relatos. Bambert hizo copias del libro y se vendió muy rápido. Nuestro pequeño amigo se hizo muy famoso y, por fin, se sentía como una persona más del mundo. Lo que no sabía Bambert es que tenía un tumor cerebral y solo le quedaban dos años de vida. Bambert murió feliz y ahora está navegando con su querida esposa, la Princesa de Córdoba y su mejor amigo Blümcke en el otro mundo, siendo tan feliz como debería haber sido siempre.
    FIN

  16. … Bambert se sorprendía al ver que no llegaba y hubo un momento que ya no sabia lo que hacer porque se le agotaba la paciencia. Bambert decidió bajar a hablar con Blümcke y el decía que no sabia nada. Fue ahí cuando Bambert vio una carta a medio escribir sobre un pequeño taburete. Se asusto. El solo pedía explicaciones y Blümcke se la dio. Bambert al saber la verdad vivió mas tranquilo y si murió pero de lo mayor que era. Estando en el cielo estaba feliz con su mujer: también jugaba con sus sobrinos y lo mejor era que disfrutaba escribiendo. Bambert sabia que seria escritor.

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